Magdalena

viernes, 6 de abril de 2012

Caicedo, hora de gobernar


04 de Abril de 2012

Carlos Caicedo, alcalde de Santa Marta, representa la esperanza de un pueblo que ha idealizado a un líder que promete ser lo que el Distrito necesita, un mandatario eficaz y eficiente, alejado de las prácticas usuales de corrupción.

La elección de él como Alcalde denota progreso en la cultura política de los electores samarios, quienes rompieron con la dinámica del voto de maquinaria y de familias que se han perpetuado en el poder, periodo tras periodo, para votar conforme a su opinión. Pero apartándonos un poco de los cuentos rosa y las ilusiones que rodean esta gestión, es hora de empezar a mirar en concreto la dirección que está tomando esta Administración, y de evaluar el trabajo que ha venido realizando durante sus primeros 100 días de gobierno.

Varios comentarios surgen de estos primeros meses, algunos positivos y otros no tanto, como el hecho que Carlos Caicedo ha descuidado un poco sus funciones como Alcalde y no ha arrancado con la fuerza que el pueblo esperaba, por el tiempo que le demanda la investigación penal que se adelanta en su contra, o que su fuerte temperamento ha perjudicado la estabilidad del gabinete y las relaciones con el Concejo Distrital, dificultando significativamente su gobernabilidad. Si bien Caicedo, en un acto que denota ánimos de transparencia y eficacia, conformó su gabinete con personas destacadas por su preparación profesional, se ha dicho que el mandatario está obrando caprichosa e inestablemente al sacar de su equipo al Secretario jurídico, al Secretario general y a su Secretaria de Educación, esta última tuvo que pagar los platos rotos del rotundo fracaso de las jornadas de matrícula escolar que se realizaron en el estadio Eduardo Santos. Estos actos de inestabilidad política afectan la exitosa consecución de su programa de gobierno y evidencian un talante que le dificulta trabajar en equipo.

En la corta gestión que lleva Caicedo, resalta un hecho que puede llegar a afectar el erario público del Distrito: la finalización de la concesión de la empresa recaudadora de tributos en la ciudad, pues ahora será el Distrito que, en cabeza propia, desarrollará esta labor. Esta decisión representa un claro retroceso, por cuanto se dará cabida a viejas prácticas donde el recaudo de impuestos bajo la dirección del Distrito daba pie a que los funcionarios de manera fraudulenta se apropiaran de un porcentaje de estos y mal administraran nuestras finanzas.

Pero sin lugar a dudas el problema más grave que enfrenta esta Administración es su mala relación con el Concejo Distrital, que como asegura en entrevista el concejal Carlos Mario Mejía (ver link), se debe a una actitud excluyente por parte del Alcalde, quien los ha ignorado a la hora de construir su plan de desarrollo, y quien ha afirmado que gobernará sin necesidad del Concejo. Este hecho causa preocupación, pues además de mostrar a un Gobierno que quiere caminar solo y que deja a un lado a quienes también fueron elegidos mediante voto popular, es indicio de un líder que con sus propias acciones está obstaculizando su labor, y con ello el interés general del pueblo que lo eligió.

En un diagnostico general de estos 100 días, habría que destacar su interés en la construcción de 10.000 viviendas de interés social, que realmente se necesitan, y su propósito manifiesto de darle el contrato de prestación de servicios de acueducto y alcantarillado a las Empresas Públicas de Medellín. Pero también merece un jalón de orejas por querer trabajar solo, pues lo peor que le puede pasar a un mandatario es creerse el dueño de la verdad revelada y de la ética y la moral pública. Las políticas públicas se construyen desde el consenso y el trabajo en equipo. Recordemos que los pilares del desarrollo de una ciudad se cimentan desde el trabajo mancomunado entre Concejo y Alcaldía, dejando el egocentrismo a un lado y teniendo como principal motivación los intereses de los electores.

P.D: En esta Semana Santa les recomiendo al Alcalde y a los concejales que se lean La poliarquía, de Robert Dahl.

Por Tatiana Dangond
@tatidangond

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