Magdalena

viernes, 6 de abril de 2012

Jugadas Políticas


28 de Marzo 2012

La elección de Montealegre simboliza el fin de la “venganza criminal”, excusa de los uribistas para pedir asilos y justificar investigaciones, y es la muestra de que el ente investigador está al vaivén de los intereses políticos.

La elección del nuevo Fiscal ha sido recibida por los uribistas con gran emoción, pues la relación que tuvo Montealegre con el anterior Gobierno los lleva a presumir que las investigaciones que se adelantan en contra de sus funcionarios serán tratadas con mayor imparcialidad, o tal vez atenuadas. Por oposición a otro sector de la opinión pública, que ha recibido al nuevo jefe del ente investigador con bastantes reservas y como un retroceso para las investigaciones en contra de uribistas que se adelantan ante la Fiscalía. A todas estas, lo único cierto hasta el momento es que tiene una excelente hoja de vida y su discurso en pro de los derechos humanos y de defensa a la verdad de las víctimas es un buen indicio para alguien que era defensor del Estado por violación de derechos humanos.

Lo bueno de Montealegre, además de sus bondades profesionales y experiencia, es que con él se desintegra el escudo utilizado por los funcionarios del pasado Gobierno, quienes se refugiaban en los posibles vicios en que incurrían las investigaciones bajo la dirección de Viviane Morales. Ahora, si bien la medida de aseguramiento en contra de Luis Carlos Restrepo era el retrato de una retaliación y una vulneración del garantismo judicial, hay otros funcionarios de esta corriente, como Andrés Felipe Arias, quien no es precisamente un santo y cuya investigación se desarrolló adecuadamente. Si Eduardo Montealegre procede con la ecuanimidad que su cargo exige, y desarrolla con rigor las investigaciones, no podrán alegar los uribistas una venganza criminal viniendo de uno de los suyos.
Por otro lado, con la postulación de Montealegre se evidencia la politización de una figura institucional que debería configurarse dentro de los más estrictos parámetros de seriedad e imparcialidad que amerita el ente acusador. La terna de Montealegre por parte de Santos, obedece a las presiones que viene ejerciendo el séquito uribista contra él, quien desde el comienzo de su mandato ha apostatado las ideas de quienes lo catapultaron Presidente.

Montealegre es un guiño de Santos hacia los uribistas, asediados por las investigaciones que venían procediendo en su contra y quienes exigían indirectamente de Santos un fiscal que finalizara con la persecución política y que de cierta forma los favoreciera. Con Viviane Morales y Eduardo Montealegre aflora la crisis que afronta la Fiscalía, donde la elección de la ex Fiscal fue anulada por la presión coyuntural, y el nuevo fue postulado para aliviar pesares de la política.

Es necesario fortalecer la institucionalidad de la Fiscalía mediante una ley orgánica que fije lo atinente a requisitos y periodos del Fiscal y Vicefiscal, pues es inaudito que la Corte Suprema haya exigido con la renuncia de Viviane Morales también la del Vicefiscal por no contar este con las calidades necesarias para asumir el cargo de jefe del ente investigador. Estamos frente a un circo institucional, donde las reglas del juego no están definidas, a quien es llamado a reemplazar al Fiscal no se le exigen los mismos requisitos que a este, y a estas alturas se desconoce si el periodo de Montealegre será de uno o cuatro años.

La politización y desorganización de entidades tan importantes para la coyuntura nacional atentan contra el buen funcionamiento de la democracia, vulnera los principios de imparcialidad y autonomía, y obstruye el cumplimiento del mandato constitucional.

Por Tatiana Dangond
@tatidangond

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