
14 de Marzo de 2012
A pesar de las medidas tomadas por el Estado para materializar la igualdad de género, el fuerte de estas ventajas no puede ser aprovechado por la mujer rural, cuyos problemas de discriminación tienen otras fuentes más especiales que el de la mujer urbana. La mujer colombiana tiene muchos logros sin alcanzar aún, como tener una mayor participación en el sector público, o que las medidas que sancionan la diferencia de remuneración entre hombres y mujeres que desarrollan una misma actividad sean aplicadas a cabalidad.
Pero dentro de estas metas por alcanzar, tenemos que alzar la voz en pro de la toma de medidas especiales para la mujer rural, que permitan el desarrollo de sus derechos como mujer y como ciudadana.
La discriminación que se da a la mujer rural está dada por su calidad de mujer y de rural, además por ser esta objeto constante de violencia como consecuencia del conflicto armado. La mujer rural es la más afectada por el conflicto, sufriendo muchas veces la violencia sexual empleada por los victimarios para humillar y sembrar terror en el campo. La labor de la mujer del campo, incluso dentro de sus familias, es desestimada, por cuanto se considera que el hombre goza de mejores cualidades para trabajar la tierra, hecho que implica que el trabajo de la mujer muchas veces sea asimilado a las labores domésticas y que por ello no reciban remuneración, o reciban un pago muy inferior al merecido por su trabajo.
El Programa de Mujer Rural del Ministerio de Agricultura, que pretende desarrollar la Ley 731 de 2002, que tiene como fin mejorar las condiciones de vida de la mujer rural, si bien implementa unos incentivos como impulsar a la mujer rural empresarial, no ataca núcleos esenciales de discriminación, como la dificultad para acceder al sistema de salud o como deficiente seguridad alimentaria.
Además, los programas destinados para la mujer rural no cuentan con el presupuesto necesario, muestra de ello es la Dirección de Mujer Rural del Ministerio de Agricultura, que no tiene las herramientas necesarias para desarrollar medidas efectivas en pro de su objetivo.
Se deben tomar medidas para que la mujer rural pueda tener mayor acceso a la salud y a la justicia, así como programas de salud sexual y reproductiva, que conlleven a un replanteamiento del papel de la mujer dentro de su familia y de la sociedad. Y esto será posible en gran medida si la mujer logra tener una mayor participación en los órganos estatales, como en el Congreso, donde actualmente no hay una representación fuerte de los derechos de la mujer rural. Con ocasión a la campaña que están haciendo algunos senadores del Partido de la U para la presidencia del Senado, una de ellos, Maritza Martínez, podría desarrollar una buena labor en este cargo, dándole vigencia a temas como la igualdad de género o la mujer rural.
Es necesario que las mujeres aunemos nuestros esfuerzos, como lo hicieron mujeres históricas que lucharon por nuestros derechos, para que la mujer rural también sea objeto de las medidas que se toman para erradicar la discriminación de la mujer por su género. Se deben tomar medidas para que la mujer rural pueda tener mayor acceso a la salud y a la justicia, así como programas de salud sexual y reproductiva, que conlleven a un replanteamiento del papel de la mujer dentro de su familia y de la sociedad.
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