
21 de Marzo de 2012
Lo que en principio se veía como una forma de inclusión y cooperación entre partidos ha degenerado en el mejor instrumento del Gobierno para planear y moldear la agenda legislativa como mejor quiere, con la total aquiescencia de la mayoría de los parlamentarios, a excepción de unos pocos que se suman al Polo Democrático.
La Unidad Nacional es el centro del poder colombiano y el escenario constante donde el legislador se convierte en un mero tramitador de los proyectos de ley del Ejecutivo. Nos encontramos frente a una crisis de la democracia colombiana, donde la separación entre el Ejecutivo y el Legislativo se ha convertido en una línea imaginaria fácil de sobrepasar, ahora los proyectos no se aprueban en los debates de plenaria en el Congreso, sino en el Palacio de Nariño en la coyuntura de la Mesa de Unidad Nacional.
Muestra de lo anterior es que las grandes iniciativas legislativas están lideradas por el Gobierno, como la Ley de Tierras, que promete ser una “revolución agraria”, el acto legislativo del Fuero Militar, la iniciativa anunciada por el Gobierno de las Corporaciones Autónomas Regionales y la Reforma a la Justicia, si es que así puede llamarse. No sería raro que el Congreso terminara aprobando la Reforma a la Justicia, porque muy a pesar de las críticas que rodean a este proyecto y que la rama judicial está abiertamente en contra, solo basta que el Gobierno dé luz verde para que se apruebe. Este proyecto de acto legislativo debería caerse por su propio peso, pues en realidad no está reformando la justicia, tampoco está generando soluciones para la descongestión de los despachos judiciales. La Reforma a la Justicia se convirtió en una lucha de poderes, un pulso sobre quién elige a quién.
Las iniciativas propias de los parlamentarios han pasado a un segundo plano, por ser estas de pequeña escala y por no generar gran impacto sobre los problemas que agobian al país, como el proyecto “Fútbol para Todos”, liderado por el presidente del Senado, Juan Manuel Corzo, para que los torneos de fútbol profesional colombiano puedan ser transmitidos por todos los canales de televisión en Colombia, un proyecto que no genera valor agregado al país. Se salvan algunos proyectos como el Marco Jurídico para la Paz, liderado por el senador Roy Barreras, por desarrollar ejes centrales de la justicia transicional y de los proceso de paz, como la exigencia de la liberación de todos los secuestrados antes de poder desarrollarse negociaciones con grupos armados ilegales.
Los debates en plenarias y comisiones son ahora una formalidad que debe cumplirse y el ‘pupitrazo’ es la forma de aprobación. ¿Es acaso ese el debate que merecen los temas que más afectan al país?, ¿no es una falta de respeto que al término de periodos se aprueben decenas de proyectos en minutos o a la madrugada? Al parecer esta tendencia no cambiará y será poco el control y contrapeso que el Congreso hará sobre el ejecutivo.
Lastimosamente, la intervención en este sentido es limitada para los ciudadanos, y el debate como garantía de control, precario. Tal vez el canal institucional debería incluir en su programación las reuniones de la Mesa de Unidad Nacional, así los colombianos estaríamos más enterados de lo que realmente pasa en nuestro país y podríamos ejercer funciones de veeduría.
Por Tatiana Dangond
@tatidangond
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