Que tristeza saber que toda esta polémica sobre la fallida prohibición del porte de armas con salvoconducto haya suscitado tanta controversia, sin siquiera debatirse la incidencia real de esta medida sobre la inseguridad que afecta al país. Es inaudito quedarnos en meras discusiones
superficiales, que exageran y tergiversan lo dicho por Gustavo Petro en su discurso de posesión, por ser este una figura mediática y controversial. Si Petro pensó que el desarme de civiles con salvoconducto era el camino para una Bogotá más segura, probablemente se equivoca, pues las cifras no mienten, si el 98% de los delitos se comente con armas ilegales, entonces el núcleo del problema no son las armas legales.
Lo cierto es que tanto Bogotá como el resto del país, son constante víctimas de las bandas delincuenciales, quienes son las protagonistas de la inseguridad en que habitamos y a las que poco afecta que los ciudadanos de bien porten o no un arma de fuego. Lo que debe importar sobre toda esta polémica, es la aplicación de medidas de seguridad efectivas como el necesario fortalecimiento de la Fuerza Pública, entendiéndose por ello una mayor presencia de la misma y perfeccionamiento de las labores de inteligencia y contrainteligencia, para de esta manera detectar los pequeños grupos delincuenciales, que causan zozobra y alarma en amplios sectores de nuestras ciudades.
Ahora, si lo preocupante son aquellos que portan armas de manera ilegal, se deben tomar medidas legales más severas contra estos, pues es inadmisible que un portador ilegal de armas pague tan blanda pena por esta grave infracción contra la seguridad del país. Aunque esta decisión no esté en manos del Gobierno, el Congreso le haría un gran aporte a la seguridad de Colombia si reformara la pena de este tipo penal, poco temido por los delincuentes.
Si no se garantiza la seguridad y la tranquilidad, para personas que necesitan portar un arma para salvaguardar su vida, una prohibición de este tipo puede producir un efecto contrario al que pretende, dejando a merced de los homicidas el riesgo que corren sus vidas. Lo que además puede derivar, en que aquellos que solían portar un arma legalmente ahora lo tengan que hacer bajo la clandestinidad, a raíz de esta prohibición. Como se pregunta un respetado Coronel de la Policía al que pude entrevistar, ¿acaso cuando los ciudadanos dejen de portar armas legales los delincuentes van a ser menos agresivos?
A pesar de que esta prohibición poco pueda aportar a la seguridad ciudadana, el ideal de un país civilizado es el desarme, y ojalá con el tiempo, los civiles colombianos no tengan la necesidad de portar un arma de fuego para su defensa. Es por ello, que antes de determinar una medida de dicho tipo, habría que garantizar la seguridad de la ciudadanía bajo otros medios, y en lo posible ir erradicando el porte de armas por particulares paulatinamente. El hecho de que sólo en el 2011 se hayan devuelto 1699 armas voluntariamente, 700 de ellas en Bogotá, es una muestra de que la sociedad está cayendo en cuenta acerca de la peligrosidad que implica portar un arma.
Aunque el ideal sea un país sin armas, la inseguridad que afronta el país necesita medidas más contundentes para ser contrarrestada, los hechos así lo demuestran.
@tatidangond
superficiales, que exageran y tergiversan lo dicho por Gustavo Petro en su discurso de posesión, por ser este una figura mediática y controversial. Si Petro pensó que el desarme de civiles con salvoconducto era el camino para una Bogotá más segura, probablemente se equivoca, pues las cifras no mienten, si el 98% de los delitos se comente con armas ilegales, entonces el núcleo del problema no son las armas legales.Lo cierto es que tanto Bogotá como el resto del país, son constante víctimas de las bandas delincuenciales, quienes son las protagonistas de la inseguridad en que habitamos y a las que poco afecta que los ciudadanos de bien porten o no un arma de fuego. Lo que debe importar sobre toda esta polémica, es la aplicación de medidas de seguridad efectivas como el necesario fortalecimiento de la Fuerza Pública, entendiéndose por ello una mayor presencia de la misma y perfeccionamiento de las labores de inteligencia y contrainteligencia, para de esta manera detectar los pequeños grupos delincuenciales, que causan zozobra y alarma en amplios sectores de nuestras ciudades.
Ahora, si lo preocupante son aquellos que portan armas de manera ilegal, se deben tomar medidas legales más severas contra estos, pues es inadmisible que un portador ilegal de armas pague tan blanda pena por esta grave infracción contra la seguridad del país. Aunque esta decisión no esté en manos del Gobierno, el Congreso le haría un gran aporte a la seguridad de Colombia si reformara la pena de este tipo penal, poco temido por los delincuentes.
Si no se garantiza la seguridad y la tranquilidad, para personas que necesitan portar un arma para salvaguardar su vida, una prohibición de este tipo puede producir un efecto contrario al que pretende, dejando a merced de los homicidas el riesgo que corren sus vidas. Lo que además puede derivar, en que aquellos que solían portar un arma legalmente ahora lo tengan que hacer bajo la clandestinidad, a raíz de esta prohibición. Como se pregunta un respetado Coronel de la Policía al que pude entrevistar, ¿acaso cuando los ciudadanos dejen de portar armas legales los delincuentes van a ser menos agresivos?
A pesar de que esta prohibición poco pueda aportar a la seguridad ciudadana, el ideal de un país civilizado es el desarme, y ojalá con el tiempo, los civiles colombianos no tengan la necesidad de portar un arma de fuego para su defensa. Es por ello, que antes de determinar una medida de dicho tipo, habría que garantizar la seguridad de la ciudadanía bajo otros medios, y en lo posible ir erradicando el porte de armas por particulares paulatinamente. El hecho de que sólo en el 2011 se hayan devuelto 1699 armas voluntariamente, 700 de ellas en Bogotá, es una muestra de que la sociedad está cayendo en cuenta acerca de la peligrosidad que implica portar un arma.
Aunque el ideal sea un país sin armas, la inseguridad que afronta el país necesita medidas más contundentes para ser contrarrestada, los hechos así lo demuestran.
@tatidangond
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