Magdalena

martes, 28 de diciembre de 2010

De Regreso


Queridos lectores: me disculpo con ustedes por haberme ausentado de mi columna de opinión durante esta última temporada. El semestre académico que acaba de culminar, absorbió gran parte de mi tiempo y me vi obligada a dejar mis escritos.

Mi regreso a El Faro va acompañado de mi regreso a Santa Marta y al Rodadero. En mi camino de vuelta a la ciudad imaginaba encontrar muchos cambios positivos, pero para mi pesar y para el de mis conciudadanos samarios, no vi progreso sino retroceso. El Rodadero parece dejado a su suerte, las calles se encuentran completamente destruidas, sus avenidas principales se redujeron a más de la mitad y siguen funcionando como doble vía. Me encuentro realmente alarmada, no solo por la imagen del Rodadero –que es uno de los sitios más visitados en la temporada turística- sino también por el peligro que significa para los propios y para los que se desplazan desde otras ciudades.


Es de común conocimiento que Santa Marta por ser Distrito Turístico, Cultural e Histórico, goza de un mayor presupuesto para inversión y que por tanto deberíamos encontrar una ciudad más desarrollada, educada, limpia, ordenada y con una malla vial acorde con sus necesidades y ajustada a la imagen que se quiere proyectar. Sin embargo, vivimos en una ciudad que, gobierno tras gobierno no ha mostrado ni el más mínimo rasgo de progreso, y en donde su imagen parece la clara fotografía de los malos manejos que han venido sufriendo los recursos públicos, que, en últimas, son nuestros. La inconsciencia de los administradores de turno del Distrito ha llegado a límites inimaginables, puesto que si normalmente para esta época ocurren un sin número de accidentes automovilísticos, las calles destapadas y angostas constituyen un verdadero agravante. Además, el Rodadero se llena tanto que si usualmente la circulación se vuelve un dolor de cabeza, con la “nueva infraestructura” prepárense para no salir de sus casas.


Indagando en las redes sociales, muchos han dicho que el mal estado de las calles se debe a que comenzaron a construir el alcantarillado y que la obra no se ha podido finalizar porque las lluvias no lo han permitido. Me pregunto hasta dónde puede llegar la negligencia de quienes decidieron ejecutar dicho proyecto, que ni siquiera fueron capaces de prever los impedimentos que dicha construcción podía tener y las repercusiones que están tendrían en la economía y en el bienestar de la sociedad samaria. Si el Rodadero es el destino preferido de muchos turistas nacionales y extranjeros, con qué cara los vamos a recibir ahora, cuando salgan de sus ciudades en busca de calma pero se encuentren con trancones peores a los que viven diariamente en sus ciudades.


¿Quiénes son los culpables de lo que está pasando? La salida fácil siempre será culpar a los gobernantes, no obstante la realidad es otra. Somos nosotros los ciudadanos, los culpables de lo que está pasando, porque fuimos quienes elegimos a los que nos están dirigiendo. Lo que sigue, es hacer fuerza para que nuestros “súper lideres” hagan algo por la ciudad, empecemos por hacer control y cuando votemos estudiemos cuidadosamente los diferentes programas de gobierno que nos ofrecen, si es que lo hacen, para luego hacerles un seguimiento. Siempre busquemos la protección de nuestros derechos como ciudadanos, el progreso de nuestra ciudad y de nuestra sociedad.


Para muchos podrá sonar como una utopía, pero no necesitamos miles de reformas políticas para que Colombia empiece a progresar. Lo que necesita este país es una “Reforma Social” donde se derogue la corrupción, se entienda la trascendencia del voto con consciencia, se instituya el amor y el sentido de pertenencia por Colombia, se promulguen los valores democráticos y se haga vigente el imperativo moral y ético de la cultura ciudadana, porque lo es.

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