Que extraña y que simpática es la vida. Cada individuo tiene un mundo de secretos y de incógnitas en cada uno de sus pensamiento, que nadie nunca sabrá, cada uno perecerá junto a su cuerpo y serán víctimas de su propio olvido.
La imaginación, la fantasía y un poco de realidad hacen que nuestra vida encuentre su propio sentido, imaginar la realización de nuestros sueños nos hace trabajar con perseverancia hasta llegar a ellos; fantasear con el amor anhelado o quizá adquirido pero no asegurado, hace que nuestro corazón bombee sangre a través del cuerpo con igual intensidad y la realidad nos permite saber que nuestro sueños y fantasías tienen lugar en éste mundo, que son palpables y alcanzables.
Por qué intrigarnos por la existencia de dioses o seres superiores, cuando nuestra propia existencia es un universo totalmente desconocido en el cual podemos viajar, inventar, crear teorías o talvez mitos.
La ciencia nos da explicaciones racionales, que entienden perfectamente los científicos y que muchos al igual que yo -sin ni siquiera entender la teoría- aceptamos, creemos y apoyamos. Los cierto es que los mitos y las historias inventadas en la antigüedad , eran explicaciones mucho más divertidas, extravagantes -para la contemporaneidad-, cero racionales pero muy originales y aunque no logro sentirme con aquellos cuyas creencias fueron míticas, los imagino felices con aquellas historias, aferrados a su verdad, sin importar lo primitivo e irracional que éstas fueran.
La ciencia y la teoría han enfriado nuestros corazones, no pretendamos volver a los mítico, pero soñemos e imaginemos y así haremos de nuestros mundos un feliz incógnita.
Justo ayer me vi una película -y perdonarás mi ignorancia cinematográfica si se trata de alguna de tantas reconocidas y pragmáticas películas de la Segunda Guerra Mundial- en la que un grupo de judíos, que oscilaban en edades, trabajos e incluso en la profundidad de su creencia, dedicaron sus últimas horas entablando un juicio en contra de Dios, de su Dios. Él había incumplido su trato exclusivo con el pueblo escogido. Entre varias discertaciones se logra entrever una inminente negativa, definitivamente Dios era culpable de traicion a su pueblo. Hasta en los más optimistas intentos por salvar a Dios ( ¡Qué juego de papeles!) los judios allí tan cruelmente hacinados eran los mejores exponentes de su pueblo, y por eso debian ser sacrificados (como a lo largo de la historia se habia hecho) para complacer a su Dios y purificar el mundo. Siguiendo la linea, te encuentras no muy lejos que Hitler vendria siendo más o menos ..un sicario de Dios? palabras más, palabras menos, Hitler cumplía las ordenes de Dios. La conclusión es que inclusive en estados tan poco humanos como aquellos, cuando te han quitado hasta el nombre (la posibilidad de SER), lo unico que hace al hombre menos animal es la fé. Contando los segundos para su muerte, lo unico que los hacía verdaderamente humanos era la esperanza, era Dios.
ResponderEliminartiti..hahahaha esq no tengo gmail ni nd de esas vainas asi que me toco con el de mi papá haha. :D